La tragedia y
la comedia son géneros dramáticos, ya que el autor solo narra la acción
y son los personajes los que se expresan por si mismos. En la tragedia se
presentan conflictos que dominan a los protagonistas. Estos, llevados
por sus pasiones, llegan a situaciones límite que pueden suponer la
muerte de algún personaje. Por el contrario, la comedia trata de temas divertidos y tiene abundantes temas cómicos. Ambas son formas teatrales que se representan sobre un escenario.
A
lo largo de la historia de la literatura el género dramático ha sufrido
muchas variaciones, como el vodevil, el sainete y el melodrama que han
ido apareciendo o cayendo en desuso en función de circunstancias
políticas, religiosas, etc.
La tragedia es una forma dramática cuyos personajes protagónicos
se ven enfrentados de manera misteriosa, invencible e inevitable contra
el destino o los dioses. Las tragedias acaban generalmente en la muerte
o en la destrucción física, moral y económica del personaje principal,
quien es sacrificado así a esa fuerza que se le impone, y contra la cual
se rebela con orgullo insolente o hybris. También existen las tragedias de sublimación,
en las que el personaje principal es mostrado como un héroe que desafía
las adversidades con la fuerza de sus virtudes, ganándose de esta
manera la admiración del espectador, como es el caso de Antígona de Sófocles. La tragedia nació como tal en Grecia con las obras de Tespis y Frínico, y se consolidó con la tríada de los grandes trágicos del clasicismo griego: Esquilo, Sófocles y Eurípides. Las tragedias clásicas se caracterizan, según Aristóteles, por generar una catársis en el espectador.
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